¿Me Duele la Muerte?

El lapso entre la vida y la muerte puede ser tan rápido y repentino como un soplo de viento que apaga una vela. Pero la vela no sufre después de que llega la oscuridad. Es la persona que queda en el cuarto oscuro que anda a tientas y tropieza. ~Helen Duke Fike~

Los últimos meses han estado cargados de noticias de gente que se ha ido de este plano terrenal. Siempre que veo la muerte de cerca, no puedo dejar de conectarme con esas familias que pasan por lo mismo que yo pasé en varias ocasiones en un mismo año, hace ya más de 24 meses.

Momentos parecidos, como el que hace más de un mes tuve que presenciar en el edificio de un amigo al conseguirlo todo rodeado y bloqueado por policías y ambulancias, y enterarnos al llegar al lobby que diez minutos antes, una joven de 25 años había decidido quitarse la vida lanzándose por el balcón.

Otros eventos como la muerte de Augusto, el compañero de alma y vida de mi guerrera amiga Tula; la partida de Diego, papá de unos grandes amigos de nuestra familia; la de Trina, querida amiga y esposa de uno de los compañeros de estudio y juventud de mi papá; la partida inesperada y dolorosa de “Gabo” el estilista valenciano, a quien conocí hace más de 30 años; el día final del “Chino” un ser muy especial amigo de mi hija, quien sonriendo hasta el último día, no pudo ganarle al cáncer; la arremetida de una enfermedad terminal al padre de mi cómplice y amiga del alma Yesenia; la muerte de la madre de Humberto y suegra de mi querida Mirna y ahora, apenas ayer, con la noticia de la silenciosa y súbita muerte del “gordo” Gustavo García, el esposo de mi comadre-hermana Mariuxi, producto de un infarto fulminante.

A veces mueren otras cosas y personas pero de otra manera, muchas de ellas sin explicación, y eso también me lleva a reflexionar sobre el proceso de duelo que se transita, cuando todos estos eventos suceden. Y así, tengo algunos días conectada con el tema de la muerte, del dolor no expresado, de esas pérdidas y separaciones inesperadas, sin aviso, que nos trastocan la vida, y nos dejan sin entender algunas cosas por algún o mucho tiempo.

Tanto es la fuerza del tópico y el llamado que está haciendo en mi interior para revisarlo, que retomé la lectura de dos libros sobre el tema. El primero “Love Never Ends” (el amor nunca termina) escrito por mi mentora, maestra espiritual y amiga Sunny Dawn Johnston; y el segundo, “Déjalos Ir con Amor” de Nancy O’Connor, el cual tuve en mis manos “causalmente” en diciembre del año 2011, para “prepararme en el tema” aunque en ese momento me preguntaba una y otra vez, por qué estaba leyendo ese libro y no encontraba respuesta, pero en el 2013 pasados algunos meses comencé a entenderlo y, hace pocos días, que quise recomendárselo a la madre del “Chino” lo conseguí disponible en Amazon y mejor noticia, para descargarlo gratuitamente, aquí comparto el link http://www.amazon.com/Dejalos-Con-Amor-Aceptacion-Spanish ebook/dp/B00C0GBVPU/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1444876122&sr=8-1&keywords=dejalos+ir+con+amor

¿Qué quiero con este escrito? 

Compartir mi sentir y dejar ver lo natural de que todos pasamos por momentos de duelo y de tristeza cuando enfrentamos la separación de un ser amado, y pienso que hay que quitarle ese misterio que recubre el hablar de ello, y hacerlo sin miedo, con apertura, dejando aflorar los sentimientos, permitiéndonos sentir ese hueco en el pecho, ese dolor en el corazón y dejar salir cuantas lágrimas sean necesarias y nos permitan mitigar ese tormento, que se siente en medio del proceso de despedida y de aceptación de esa nueva realidad.

¿Qué he entendido por mi propia experiencia?

Que pocos estamos preparados para enfrentar el dolor intolerable que causa una pérdida y que sentimos un gran desconcierto por encontrarnos en un territorio totalmente desconocido y más aún, cuando son muertes trágicas e inesperadas.

Que el duelo es un proceso, que el dolor por la pérdida y la separación es genuino y humano a la vez, que aunque nos pidan tener fortaleza y queramos tenerla, también es permitido caer y dejarse desplomar cuando nuestras emociones de tristeza, dolor, desconsuelo y desolación aparecen.

Que a veces sentimos que nos vamos a volver locos y el dolor es tan intenso que pensamos que no lo vamos a poder soportar y por eso lo bloqueamos. Pero como todo proceso, tiene su tiempo de maduración y hay que permitirle que se exprese y se desarrolle para el bien emocional, mental y físico de quienes lo sufrimos.

Que debemos aprender a pedir apoyo, a gente que nos ame sin juzgarnos, en quien confiemos. Podemos pedir oración y soporte, que nos ayuden a alimentarnos, a vestirnos, a cuidar de nuestras necesidades básicas, porque en esos momentos muchas veces no tenemos fuerzas para hacer mucho más.

Pero… ¿pedir apoyo a quién? A quien no nos quiera quitar el dolor de vivir el momento, sino a aquel que esté ahí a nuestro lado sin pedir nada, sólo ofreciendo su presencia, energía y amor para saber esperar en silencio, el paso del tiempo que sea necesario, mientras nos observa con compasión y en oración, sentir lo que hay que sentir para sanar y sobrellevar el proceso.

¿Por qué es importante “sentir” y no bloquear lo que sentimos?

Cuando no nos permitimos sentir a fondo lo que nos duele, lo que nos da rabia porque no entendemos, lo que nos hace sentir solos porque ya no los vamos a ver más en el mundo físico, o lo que nos deja llenos de incertidumbre por eso que nunca se habló, y en muchos casos no hubo tiempo de explicar o aclarar, entonces, bloqueamos un proceso necesario y natural que hay que vivir.

Lo ideal es expresarlo todo, sin temor a la crítica, al que dirán, a la vergüenza o al miedo de que nos juzguen por ser gente de poca fe. Que no nos preocupe sentir pena por dejarnos ver vulnerables o débiles ante la gente que se acerca y viene a consolarnos, ni queramos controlar eso que sentimos para mantenernos “fuertes” ante una familia que nos necesita. Y no dejar pasar los días, y querer reponerte rápido porque hay que seguir, hay que hacer, hay que resolver, y el duelo se va quedando atrapado, escondido, hasta que en el tiempo menos esperado, cualquier cosa dolorosa que suceda, que nos remueva los sentimientos, nos recuerde que hay un gigante dormido que hay que atender y dejar salir.

Es muy frecuente también, que nos enfermemos recurrentemente, vivir con procesos de gripe, infecciones pulmonares o sinusitis, que no se curan nunca, porque el cuerpo físico necesita drenar y botar todas esas lágrimas que se dejaron secar dentro del pecho por no ser expresadas, y en ocasiones, nos da tanto miedo llorar y permitir que se nos desgarre el corazón, que entonces comenzamos a sufrir de tensión alta, falta de sueño, dolores de cabeza o migrañas, pasando en ocasiones por procesos de ansiedad o ataques de pánico, todo lo anterior relacionado a las etapas de un duelo, que puede haber sido truncado y no permitido fluir de manera natural.

El duelo es un proceso de vida, a veces sentiremos y es absolutamente normal, la réplica de la pérdida, pero esto cambia con los años y también nos cambia como personas, influyendo lo que somos en el presente y lo que podemos llegar a ser en el futuro. La persona nunca se olvida sólo aprendemos a vivir sin ella de manera física.

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Por eso, quiero terminar compartiendo algo que ha escrito Sunny Dawn Johnston   http://sunnydawnjohnston.com/books/ en su libro y en sus mensajes sobre el tema y con lo que estoy completamente de acuerdo y se resume en lo siguiente:

– Nuestros seres queridos aunque se han ido físicamente, todavía están con nosotros. Ellos nunca se van.

– Tenemos que aprender a concentrarnos en su presencia, no en su ausencia.

– Tenemos la oportunidad de elegir donde centramos nuestra atención y entender que Dios, el Universo, la inteligencia universal, como tú le llames, siempre está trabajando para nuestro mayor bien. Todo sucede por una razón … Todo.

– Confía en el proceso espiritual de tus seres queridos.

– Todas las cosas que suceden, realmente están sucediendo para nosotros y nuestra expansión… no a nosotros.

– El contraste y las cosas difíciles de la vida, es lo que nos hace crecer y expandirnos a una mejor vida.

-Siempre hay algo hermoso que ver, si estamos dispuestos a mirar.

“LA MUERTE NO ES EL FINAL, ES UN COMIENZO”

Te envío todo el amor y la luz al transitar tu propio viaje, quizás a veces tranquilo y sosegado, otras veces angustiante y desordenado. La vida siempre tiene contrastes, matices, no hay nada estático, y nada es para siempre. Todo pasa y esto, también pasará. Recuerda, y es lo que me da fuerza y fe para continuar, que con gratitud, tenemos la oportunidad de ver la adversidad como oportunidad y de apreciar lo que tenemos en vez de quejarnos y lamentarnos por lo que nos falta.

Mil bendiciones y todo el amor para cada uno de ustedes … y siempre recuerden, el amor nunca termina … sólo cambia de forma! Y si estás atento verás las diversas formas en que aparecen nuestros seres queridos y con cuánta frecuencia.

Los abrazo desde mi alma con un corazón lleno de amor y luz.

Maria Alejandra Celis Yanes

http://www.coachingbymacy.com

@coachingbymacy

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