La Misión de los Padres en la Vida de sus Hijos

Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues, ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas viven en la casa del mañanaque no puedes visitar ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti  porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad. 
-Kahlil Gibran-

Este famoso poema del escritor Kahlil Gibran expresa de forma magnífica una perspectiva de la misión de los padres en la vida de sus hijos.

Hoy reflexionaré sobre la importancia de que los padres “respalden” a sus hijos y los hijos “tomen” a sus padres.

Para mi ha sido prioridad y mi mayor enfoque darle a mis hijos la fuerza y el respaldo necesarios para caminar por la vida e ir tras sus sueños. Hasta que ha llegado el momento en que se han convertido en adultos y alcanzan sus primeros objetivos que son, el enfoque en el estudio, descubrir sus talentos y habilidades, para que a través de su pasión por lo que hacen experimenten una vida profesional que cumpla con sus ideales y propósitos.

Pero la vida de ellos no queda allí, es cuando alcanzan el término de sus estudios y su preparación académica superior, cuando comienzan su propio camino de nuevos retos y futuras oportunidades para obtener su autonomía y madurar como personas. Todo esto, va a ser posible y mucho más fácil, si tienen el respaldo emocional y familiar de sus progenitores.

Los padres somos vistos por los hijos de diversas maneras de acuerdo a su edad o etapa de madurez. Nos ven como dioses omnipotentes cuando están pequeños y somos su modelo a seguir. En su etapa de adolescentes, somos más bien una figura de autoridad con mucho poder que les molesta y a la cual quieren retar para ganar un poco de poder en la relación, muchas veces luchando en contra de nosotros.

Ya cuando se hacen adultos, poco a poco comienzan a darse cuenta que de lado y lado todos tenemos nuestra historia de vida, pudiendo entonces entender nuestros actos y carácter no solo como padres, sino también como simples seres humanos con nuestras virtudes y nuestros defectos, aciertos y errores, y así, la necesidad de ellos de juzgarnos, se va disipando poco a poco.

Sin embargo, ‘tomar a los padres’ sucede en todas las diferentes edades de la persona y puede ser un acto que los integra a la vida y los sana para ir tras sueños.

Muchas veces, los hijos no reciben de sus padres todo lo que necesitan en la edad temprana, lo que hace que puedan sentir algún resentimiento, o simplemente el niño interno queda siempre herido, lo cual debilita el avance hacia el logro de los sueños y pudieran verse truncados en el futuro. Por eso es tan importante “tomar a los padres” y los padres “respaldar” a los hijos, para que sientan la seguridad de dar pasos hacia delante sabiendo que detrás de ellos están sus padres que les dan el soporte necesario para avanzar.

Los padres le dan la vida a sus hijos y este es el acto de mayor amor, no hace falta agregar ni restar nada. Cuando los hijos “toman la vida” tal y como se les da, sin querer omitir ni eliminar nada, eso es un orden del amor.

Cuando los hijos asienten a sus padres tal cual como son, afirman su propia vida que viene de ellos. Así al sintonizar con la vida pueden llevar adelante su desarrollo con todas sus potencialidades y en el futuro, podrán traspasar a sus hijos lo que ellos tomaron de nosotros sus padres.

Tomando al padre y a la madre tal y como son, nuestros hijos participan en un proceso curativo. Si alguno de los padres queda excluido ellos estarán a medias y siempre sentirán la falta. Si piensan que tomándonos en la totalidad asimilarán lo negativo nuestro, pueden ellos sin embargo, perder lo bueno de nosotros y se les hará más difícil encontrar su propia identidad quedando unidos en el reproche infantil.

En vez de quedarse ligados a lo que no recibieron, los hijos deben finalizar con el reclamo de “me han dado muy poco, o lo que me dieron y en la forma que me lo dieron ha sido equivocado”. Cuando esto sucede los hijos ponen en orden el lugar donde van sus padres. Los toman, los tienen detrás, toman sus fuerzas y pueden avanzar y emprender un nuevo camino hacia una vida plena y feliz.

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